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Cuentos de ciencia ficción
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La presentación

Para una gran mayoría, la ciencia ficción es sólo la temática de esas películas de aventuras del espacio repletas de naves, robots, y carísimos efectos especiales. Eso que gusta tanto a los adolescentes. 

Pero la ciencia ficción, afortunadamente, no es sólo eso. La ciencia ficción, como tantas otras cosas, nació con la palabra escrita, con la literatura. Y sigue teniendo sus mejores obras en la narrativa literaria donde, sin tantos efectos especiales, se puede atender mejor al desarrollo de personajes y trama y, sobre todo, a la riqueza especulativa de sus sorprendentes ideas y al encanto inevitable de mundos exóticos y situaciones diferentes. 

Tal y como decía Isaac Asimov, uno de sus más conocidos narradores, "la ciencia ficción es la rama de la literatura que trata de la respuesta humana a los cambios en el nivel de la ciencia y la tecnología". Por eso, un estudioso como el británico Brian W. Aldiss situa su origen en el Frankenstein que Mary Shelley escribiera en 1818. 

Y es lógico hacerlo así, ya que la ciencia ficción nace al reflexionar sobre los efectos y el impacto social que la ciencia y la tecnología tienen sobre la sociedad que los genera y utiliza. Contrariamente a lo que durante muchos años ha propagado el cine, la historia del doctor Frankenstein no es un relato de terror, sino la difícil historia de la aventura y la osadía del saber y sus consecuencias. Algo de esa inspiración ha recuperado la reciente versión del director Kenneth Brannagh. Victor Frankenstein intenta y logra dar vida a unos cuerpos muertos, de la misma forma que la tecno-ciencia actual intenta lograr la clonación de seres vivos, obtener la energía de la fusión atómica, o reproducir la actividad inteligente del cerebro humano con programas de ordenador. La ciencia ficción intenta, entre otros objetivos, vislumbrar cómo viviremos cuando tales objetivos se alcancen. 

Precisamente son los dos últimos siglos los que han visto un crecimiento espectacular de los logros de la ciencia y la tecnología, y es precisamente en esos dos últimos siglos cuando la ciencia ficción hace su aparición. 

Nacida en Europa en el siglo XIX, con el francés Jules Verne y el británico Herbert G. Wells como padres fundadores indiscutidos, la ciencia ficción se hace norteamericana en el segundo cuarto del siglo XX. Aunque es también un europeo, el luxemburgués Hugo Gernsback afincado en los Estados Unidos de America desde 1904, quien le dará nombre. Ocurre en 1926, cuando Gernsback crea la revista Amazing Stories para publicar relatos con los que, ilusionado, acercarse al mundo del futuro con las maravillas que permite la ciencia y la tecnología. Gernsback etiquetó ese tipo de narraciones con el neologismo "scientifiction". Pero muy pronto lo convirtió en "science fiction", de donde la costumbre ha extraído esa denominación en castellano, "ciencia ficción" que, en realidad, desafía todas las reglas de nuestra lengua. 

Publicada primero en forma de relatos en revistas, la ciencia ficción alcanza la edición en forma de libro en los años cincuenta. Algunos de los peores resultados de la tecnología de nuestro tiempo, la bomba atómica entre ellos, desencadenan la aparición de una ciencia ficción más crítica y atenta a ciertos peligros que comportan la ciencia y la tecnología. Hoy puede decirse que la ciencia ficción, tras un proceso de maduración constante, ha alcanzado ya un envidiable nivel de normalidad. 

Dos son las características centrales de la buena ciencia ficción: lo que se suele llamar el "sentido de la maravilla" y, también, la riqueza especulativa de algunas de las ideas que maneja la ciencia ficción. 

El "sentido de la maravilla" abarca la sorpresa y el encanto de mundos nuevos y distintos, de sociedades diferentes de aquella en la que vivimos, de personas y seres de todo tipo que no se corresponden con lo que podemos conocer en nuestra experiencia cotidiana. En ese sentido, la ciencia ficción comparte, sin ningún tipo de reglas ni limitación el mismo encanto que para el lector pueden tener los libros de viaje o las novelas históricas. En ese caso es lo distinto lo que nos atrae. 

Pero también la ciencia ficción es capaz de sorprendernos con el atrevimiento de sus especulaciones. Ese intentar responder a un curioso ejercicio intelectual: vislumbrar lo "¿qué sucedería si...?" se hiciera posible una nueva realización de la ciencia y la técnica. Y si en los primeros años se trataba básicamente de especulaciones en torno a las ciencias y tecnologías hard o "duras" (física, química, biología, todo tipo de ingenierías, etc.), en la segunda mitad del siglo XX, la ciencia ficción ha jugado también con especulaciones que derivan de otro tipo de ciencias de raíz humanística: historia, sociología, psicología, antropología, economía y un largo etcétera. 

Ese es el bagaje de opciones que hace tan rica y versátil a la ciencia ficción, que siempre es y será mucho más que los caros efectos especiales de una película de moda. 

Aunque hoy estén en auge las novelas e incluso las trilogías y sagas de mayor extensión, la ciencia ficción, nacida del cuento corto, mantiene una envidiable riqueza en esa extensión narrativa. Los autores suelen hacer sus primeras armas en la narración corta, y están siempre en activo revistas especializadas que cultivan la narración breve. No es nada arriesgado intentar compilar una antología de Cuentos de ciencia ficción. Muchos especialistas coinciden en afirmar que esa extensión narrativa ha dado grandes obras a la ciencia ficción. 

Pero no sólo eso. 

Ya desde el segundo cuarto del siglo XX, en las revistas donde se publican los cuentos de ciencia ficción, intervienen los lectores con sus comentarios, críticas e ideas. Y esa es otra de las características peculiares de la ciencia ficción: la interacción entre autores y lectores de una forma insospechada en otros géneros literarios. 

A la imagen tradicional del escritor aislado y recluido en su mundo de fabulación, se contrapone, en el caso de la ciencia ficción, la realidad del periódico encuentro de lectores y escritores y su mutua influencia. Hay diversas asociaciones en activo, y se mantienen convenciones y congresos que se celebran anualmente a nivel local, regional, nacional e incluso mundial. Y con gran éxito de audiencia. La worldcon o convención mundial suele reunir anualmente entre 5000 y 10000 asistentes: lectores, escritores, editores, ilustradores y todo tipo de aficionados al género. Una oportunidad impresionante para todo tipo de comentarios, críticas, devociones y sugerencias que los autores suelen también recoger. 

Algo de ese mundo está también presente en España con la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción (AEFCF) que mantiene cada año un encuentro anual en la llamada HISPACON (en la que tradicionalmente se hace entrega de los Premios Ignotus, los Oscar de la ciencia ficción española, votados por los miembros de la AEFCF). También hay revistas que mantienen el espíritu crítico y el reto de la aventura intelectual tan típico de la buena ciencia ficción. Como no podía ser menos en un género que está atento a los logros de la tecnología, puede encontrarse información sobre todo ello, por ejemplo, en la página web de la más veterana de las revistas sobre ciencia ficción en nuestro país: BEM (del inglés Bug Eyed Monster, como cariñosamente se bautizaron algunos de esos "monstruos de ojos saltones" que poblaron las películas de ciencia ficción de serie B de los años cincuenta). Los internautas tienen una cita con BEM en Internet: 

http://www.filnet.es/bemmag/ 

para, desde allí, saltar si lo desean a todo el resto del amplio mundo de la ciencia ficción. 

Pero, de momento, la cita está aquí, en esta antología de relatos de la ciencia ficción que se escribe hoy día en España. Son nueve relatos y diez autores de la amplia y variada geografía española. Una muestra selecta de lo que hoy puede ofrecer la ciencia ficción en España y, al mismo tiempo, una aproximación a temas típicos de la ciencia ficción mundial. Es evidente que no están todos los que son, razones de espacio lo impiden, pero es del todo seguro que sí son todos los que están. Estamos convencidos que el conjunto de relatos que hoy les presentamos configura una imagen adecuada de la ciencia ficción española de hoy. Para bien o para mal. 

Una observación final. En las asambleas de la AEFCF ha sido lugar común en los últimos años decidir si es correcto o no que el seleccionador que configura una colección de relatos incluya uno de sus cuentos en la antología. Nos parece una discusión ociosa e inútil. Todo seleccionador elige los cuentos que le parecen más interesantes y, evidentemente, todo escritor escribe precisamente aquellos cuentos que le parece del todo imprescindible que sean escritos. No hay colusión posible. Por ello, y también para salir al paso de una ridícula discusión que ha hecho perder demasiadas horas en las últimas asambleas de la AEFCF, hemos decidido incluir aquí relatos escritos por los seleccionadores. En el propio pecado, si lo fuere, hallaremos la penitencia. 

En cualquier caso, sirva esta antología como muestra del grado de madurez a que ha llegado la ciencia ficción, incluso en nuestro país. Es un orgullo haberla preparado. 

Miquel Barceló y Pedro Jorge Romero